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Análisis: Creación de “buenas sociedades” - El papel de la seguridad socialUn importante estudio internacional concluyó que la seguridad social es una herramienta indispensable para mejorar las sociedades en la era de la globalización.
El Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD), ha publicado los resultados de un programa de investigación quinquenal, “Política social en el contexto de desarrollo”, que analiza el papel desempeñado por la seguridad social, y, más ampliamente, el de las políticas sociales, en la construcción de economías productivas y competitivas, y de buenas sociedades que funcionen adecuadamente. Apuntalados por una gran variedad de pruebas empíricas, los resultados cotejados brindan un argumento oportuno y sólido para dar mayor relieve a la seguridad social en las agendas políticas nacionales, regionales y mundiales. Los resultados del estudio merecen un examen minucioso, en particular por parte de los responsables de las políticas en los países en desarrollo.
A veces se percibe el papel desempeñado por la seguridad social como predominantemente reactivo: mitigar los efectos adversos de los riesgos que acompañan al ciclo vital y a los acontecimientos en el mercado laboral. Esta descripción unidimensional parece ser cada vez más inadecuada. Como lo saben muy bien las organizaciones de seguridad social, el papel que desempeña la seguridad social tiene múltiples facetas. Es un componente básico proactivo de una “buena sociedad”, un mecanismo colectivo para brindar apoyo y mejorar el bienestar de la población cubierta. El informe del UNRISD destaca que, si bien es cierto que la seguridad social es uno de los instrumentos disponibles más eficaces para hacer frente a los desafíos de la pobreza mundial, no se trata sólo de mitigarla. De hecho, los países que han obtenido buenos resultados en la reducción de la pobreza, no crearon y orientaron sus sistemas de seguridad social exclusivamente en función de los pobres: estos países invirtieron en pensiones, asignaciones para los hijos y seguro de enfermedad, a fin de promover el desarrollo económico y la paz social. Todos los estados de bienestar exitosos empezaron otorgando prestaciones sólo a grupos específicos, para luego extenderlas a otros sectores de la población. Por ejemplo, en Alemania y Japón, el seguro social fue destinado a los grupos mejor organizados y con mayor poder político: los trabajadores industriales cualificados. Ahora bien, el derecho a la seguridad social se extendió progresivamente a todos los ciudadanos porque se necesitaba de todos en el esfuerzo de construcción de la nación.
Seguridad social y desarrollo socialEl estudio del UNRISD demuestra que el método más favorable para promover la protección social ha sido a través de políticas y disciplinas distintas, aunque complementarias, de la política de seguridad social: la política fiscal, la reforma agraria, la legislación social, la regulación del sector privado, etc. Lamentablemente, desde la década de los años 80, la política macroeconómica se ha desvinculado de estas ataduras sociales. La seguridad social ha sido considerada como un factor que sólo entraña costos en las finanzas públicas. Se han dejado de lado las posibilidades de desarrollo que tiene la seguridad social a través del estímulo del cambio social y económico y como fuente previsible de inversiones a largo plazo. En realidad, la seguridad social es buena para la economía pues contribuye a la acumulación de capital a través de los ahorros recaudados por los programas contributivos como los regímenes de pensiones y los fondos de previsión. También contribuye a la formación de capital humano, mediante el apoyo prestado a la mejora de la educación y de la salud, y a la participación de las mujeres en la fuerza laboral. Una seguridad social bien gestionada puede garantizar la legitimidad del orden político y contribuir a la creación de capital social, cohesión social y estabilidad política, así como a la constitución de un entorno favorable a las inversiones y el comercio. Las transferencias sociales también aumentan la demanda nacional, lo que impulsa aún más el crecimiento económico. Los modelos convencionales de la seguridad social contributiva se desarrollaron a fin de cubrir a los trabajadores de la economía formal. En un mundo en el que aumenta el mercado laboral informal, se han planteado preguntas difíciles sobre la validez de esos enfoques contributivos. Este es, sobre todo, el caso de los países en desarrollo, en los que la informalidad es una norma y no una excepción. Para responder a estas preguntas, las organizaciones no gubernamentales (ONG), abogan a menudo por transferencias sociales específicas a favor de los pobres. Al mismo tiempo, pero por distintos motivos, los grupos de presión neoliberales también abogan por una orientación más específica: es decir, una mayor cantidad de fondos directos limitados y eficaces en términos de costos para las personas que se considera más los necesitan. Lamentablemente, esta agenda también tiende a menoscabar los derechos sociales del trabajo formal y el potencial beneficioso para todos de la seguridad social universal. De modo irresponsable, las actuales políticas de desarrollo frecuentemente delegan la responsabilidad del apoyo a los más pobres en las ONG, que tienen buenas intenciones y que han obtenido buenos resultados en el plano local, pero que hacen frente a obstáculos insalvables para extender su acción. Según el UNRISD, la continua superposición de regímenes voluntarios y obligatorios de seguro podría ser analíticamente confusa e ineficiente a largo plazo. Los programas de seguro social obligatorio tienden a surgir cuando las redes de movimientos voluntarios suman esfuerzos o cuando un gobierno se da cuenta de que un modelo basado en las ONG no puede satisfacer las demandas para permitir un acceso universal y nacional a prestaciones equivalentes. También existe un motivo muy práctico por el que los países en desarrollo deberían optar por la aplicación de programas universales: en los países en los que la pobreza está extendida, determinar grupos específicos es innecesario y muy costoso desde el punto de vista administrativo, sobre todo, por los problemas que representan las asimetrías de información, la distorsión de incentivos y el riesgo moral. Si miramos al futuro, la seguridad social es indispensable para que todos los países asuman un compromiso proactivo y favorable en el proceso de globalización, puesto que ofrece un capital humano más competitivo y más previsible a las empresas, así como “redes de seguridad” y “plataformas de lanzamiento” necesarias para que los ciudadanos vulnerables hagan frente a los efectos adversos de las crecientes presiones competitivas mundiales. Por último, la seguridad social es, sobre todo, un instrumento más que beneficioso para llegar a pactos sociales sostenibles: es buena para las clases medias y acomodadas, sin ser, por supuesto, contraria a los pobres. Es buena para los pobres, sin ser exclusivamente un mecanismo de reducción de la pobreza. Y, por último, mientras más ciudadanos estén incluidos en los mismos grupos de distribución de los riesgos de la seguridad social, mejor para todos. El estudio concluye que la seguridad social es un elemento básico de las “buenas sociedades” en la era de la globalización.
Más información Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social
Mkandawire T. 2006.Transformative Social Policy – Lessons from UNRISD Research. (Política Social Transformativa – Conclusiones de la Investigación de UNRISD) UNRISD Investigación y políticas - Síntesis: 5. Ginebra, UNRISD. http://www.unrisd.org/unrisd/website/document.nsf/(httpPublications)/ UNRISD. 2008. Transformative Social Policy. UNRISD Noticias – Boletín nº 28 del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social, marzo, Ginebra, UNRISD. |
Octubre 2008
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